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Fibromialgia: Ya no puedo hacerlo todo

Cuando aparece la fibromialgia en nuestra vida, una de las situaciones más difíciles que tenemos que lidiar es cuando nos enfrentamos a la realidad de no poder hacerlo todo como solíamos hacerlo.

Los días en que la vida era una rutina normal se desvanecen lentamente, y en su lugar, nos encontramos lidiando con un dolor constante y una fatiga agotadora.

Las tareas cotidianas, que alguna vez consideramos simples, ahora se sienten como desafíos insuperables. A veces, incluso levantarse de la cama puede ser una tarea monumental.


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Una serie de emociones nos inundan cuando nos damos cuenta de que nuestras vidas han cambiado de manera tan dramática.

La culpa por no poder hacerlo todo

La culpa es una emoción poderosa y paralizante que a menudo atormenta a quienes enfrentamos la fibromialgia.

Esta enfermedad crónica impone limitaciones significativas en nuestra capacidad física y mental, y la sensación de no poder hacerlo todo puede ser abrumadora.

Esta culpa se manifiesta de diferentes maneras:

1. La pérdida de la “normalidad”

Reconocer que ya no podemos hacer todo duele.

Durante mucho tiempo, nos esforzamos por mantener una apariencia de normalidad, incluso cuando nuestro cuerpo y mente nos decían lo contrario. Pero finalmente llega un momento en que las limitaciones de la fibromialgia se vuelven innegables.




Nos reprochamos a nosotros mismos por no ser tan fuertes como solíamos ser, por no poder ser más productivos o simplemente por no poder cumplir con las expectativas que nosotros y los demás teníamos de nosotros.

Recordamos los días en que éramos más activos, productivos y capaces de cumplir con una amplia gama de tareas. Sin embargo, la fibromialgia nos ha arrebatado parte de esa normalidad y nos ha dejado con un conjunto de limitaciones.

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2. La autoexigencia y autocrítica

Las voces críticas en nuestro interior nos susurran palabras de autocrítica, sugiriendo que quizás somos perezosos o débiles, lo que solo aumenta más nuestra angustia emocional.

Muchos de nosotros nos culpamos por no ser lo suficientemente fuertes, por no poder hacer más y por no cumplir con las expectativas que nosotros mismos y los demás tienen de nosotros.

3. La sensación de ser una carga

Muchos también nos sentimos culpables por sentir que somos una carga para nuestros seres queridos. La dependencia de otros para llevar a cabo tareas que antes realizábamos con facilidad puede generar sentimientos de inutilidad y una sensación abrumadora de ser una carga para los demás.

Sentimos que los estamos defraudando.

La frustración de no poder hacerlo todo

La incapacidad de cumplir con todas las responsabilidades y actividades que solíamos realizar puede generar una profunda frustración.

La frustración se alimenta de la impotencia de no poder cambiar la situación y del deseo de recuperar la vida que teníamos antes de la enfermedad.

La pérdida de nuestra antigua vida puede ser un proceso doloroso de duelo.

La tristeza por las pérdidas

La tristeza también se hace presente. Reconocer que ya no podemos hacerlo todo nos lleva a sentir una profunda tristeza por las pérdidas que hemos experimentado debido a la fibromialgia.

Extrañamos la vida que solíamos tener y nos duele la pérdida de nuestra independencia.

La lucha con el autoestima

El autoestima a menudo sufre un golpe. Cuando no podemos hacerlo todo, nuestra autoimagen puede verse afectada. Comenzamos a cuestionar nuestra valía y nos preguntamos si somos menos valiosos por no poder ser tan independientes o productivos como antes.

La fibromialgia, con sus síntomas debilitantes, puede socavar nuestra confianza en nosotros mismos y en nuestra capacidad para llevar una vida plena.


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Cambio en el sentido de identidad

La fibromialgia puede alterar drásticamente nuestro estilo de vida y nuestras actividades. Los roles que desempeñábamos previamente pueden verse afectados, lo que nos lleva a cuestionarnos quiénes somos y qué valor aportamos a nuestras relaciones y a la sociedad.

Esta enfermedad crónica y debilitante puede alterar significativamente cómo nos vemos a nosotros mismos y cómo nos percibimos en relación con el mundo que nos rodea.

Los síntomas de la fibromialgia pueden limitar nuestras actividades y reducir nuestra capacidad para desempeñar los roles que antes considerábamos fundamentales. Como resultado, podemos sentir que hemos perdido parte de nuestra identidad anterior.

Esto puede llevar a la confusión, la tristeza y la sensación de que ya no sabemos quiénes somos.

¿Cómo superar el no poder hacerlo todo?

Aunque ya no podemos hacerlo todo como solíamos hacerlo, aprendemos a redefinir el éxito y la valía en términos más compasivos y realistas.

Valoramos las pequeñas victorias diarias y aprendemos a celebrar nuestros esfuerzos, incluso cuando son diferentes de lo que solían ser.


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A través del apoyo mutuo y la adaptación, continuamos nuestro viaje con la fibromialgia, encontrando la fuerza y la resiliencia para enfrentar una nueva realidad.

En la vulnerabilidad, descubrimos una fortaleza que nunca habíamos conocido, y eso nos permite abrazar una nueva forma de vivir con compasión hacia nosotros mismos.

Nos adaptamos

A medida que enfrentamos la realidad de que ya no podemos hacerlo todo, aprendemos la importancia de la adaptación.

Comenzamos a buscar formas creativas de realizar tareas de manera más eficiente o de simplificar nuestras vidas.

Nos damos cuenta de que nuestra valía no está en lo que hacemos, sino en quiénes somos.

La adaptación se convierte en una habilidad valiosa para mantener la calidad de vida.

Es fundamental el apoyo

El apoyo de nuestros seres queridos es fundamental en este proceso.

A menudo, nos sentimos vulnerables al reconocer nuestras limitaciones, pero la comprensión y el amor de quienes nos rodean nos brindan un sentido de seguridad y apoyo emocional invaluable.

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Ahora te pregunto a tí… ¿Cómo manejas el ya no poder hacerlo todo?

Déjame conocer tus experiencias. Escríbelas en los comentarios.

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