Por Doc Adriana Angel – Médica, NeuroCoach y Paciente de Fibromialgia
La historia de la fibromialgia es, ante todo, una historia de lucha. Durante décadas, quienes padecíamos esta condición fuimos invisibilizados, cuestionados y hasta catalogados como pacientes psiquiátricos. Como médica y paciente de fibromialgia, entiendo profundamente el peso de ese camino: he vivido el dolor del descrédito y he estudiado las razones científicas detrás de él.
Hoy sabemos que la historia de la fibromialgia refleja mucho más que la evolución de un concepto médico. Es también un testimonio de perseverancia, de pacientes que no se rindieron y de profesionales de la salud que se atrevieron a escuchar. En este artículo recorreremos juntas ese camino: desde los primeros registros históricos hasta el reconocimiento actual, entendiendo por qué costó tanto tiempo que la medicina nos creyera.
Contenido de esta guía
- 1 Los Primeros Indicios: Reumatismo Muscular y Fibrositis
- 2 El Punto de Inflexión: Del Rechazo al Reconocimiento
- 3 La Evolución del Diagnóstico de Fibromialgia
- 4 Por Qué Costó Tanto Que Nos Creyeran
- 5 Avances Científicos que Transformaron la Comprensión
- 6 El Reconocimiento Institucional y Social
- 7 Por Qué la Fibromialgia Afecta Más a Mujeres
- 8 La Lucha Continúa: Retos Actuales
- 9 Lecciones de la Historia para el Presente
- 10 Perspectivas Futuras: Hacia Dónde Vamos
- 11 Vivir con Fibromialgia Hoy: Más Allá de la Historia
- 12 Conclusión: Honrar el Pasado, Construir el Futuro
- 13 Preguntas Frecuentes sobre la Historia de la Fibromialgia
- 14
- 15 Referencias Bibliográficas
- 16 Disclaimer Médico
Los Primeros Indicios: Reumatismo Muscular y Fibrositis
Aunque parezca una condición moderna, los primeros indicios de lo que hoy conocemos como fibromialgia se remontan al siglo XIX. En 1824, el médico escocés William Balfour describió por primera vez puntos dolorosos en pacientes que presentaban dolor muscular generalizado sin causa aparente.
Posteriormente, en 1904, Sir William Gowers acuñó el término “fibrositis” para referirse a esta condición. El nombre sugería inflamación del tejido fibroso, aunque nunca se demostró evidencia inflamatoria real. Durante décadas, este diagnóstico agrupó a pacientes con dolor crónico difuso, fatiga persistente y múltiples síntomas inexplicables.
Sin embargo, la ausencia de hallazgos en estudios de laboratorio o imágenes convirtió a estos pacientes en un enigma médico. Por eso, muchos fueron catalogados como “simuladores” o derivados a psiquiatría. Esa invisibilidad clínica marcó profundamente la historia de nuestra enfermedad.
El Punto de Inflexión: Del Rechazo al Reconocimiento
A mediados del siglo XX, la fibrositis continuaba siendo un diagnóstico controvertido. No obstante, en 1976 ocurrió un cambio fundamental. El Dr. Philip Hench propuso reemplazar el término “fibrositis” por “fibromialgia”, eliminando el sufijo “-itis” que implicaba inflamación.
Este cambio semántico fue trascendental. Además, reconocía que se trataba de dolor en músculos y tejido fibroso sin evidencia inflamatoria, acercándose más a la realidad de la condición. Asimismo, en 1977, los doctores Hugh Smythe y Harvey Moldofsky publicaron los primeros criterios diagnósticos basados en puntos sensibles específicos.
Finalmente, en 1990 llegó el reconocimiento formal. El Colegio Americano de Reumatología (ACR) estableció los primeros criterios diagnósticos oficiales para la fibromialgia. Por primera vez en la historia, existía un consenso médico internacional sobre cómo identificar y diagnosticar esta condición.
La Evolución del Diagnóstico de Fibromialgia
Los criterios del ACR de 1990 requerían dos elementos principales: dolor generalizado durante al menos tres meses y sensibilidad en 11 de 18 puntos específicos del cuerpo. Estos criterios brindaron validez científica a millones de pacientes que habían sido desestimados.
No obstante, con el tiempo se reconocieron limitaciones importantes. Los puntos sensibles resultaban subjetivos y dependían de la presión ejercida por el evaluador. Además, estos criterios dejaban por fuera síntomas cruciales como la fatiga, los problemas cognitivos y las alteraciones del sueño.
Por consiguiente, en 2010 el ACR actualizó los criterios diagnósticos. Incorporaron escalas de dolor generalizado y síntomas asociados, eliminando la necesidad de examinar puntos sensibles. Posteriormente, en 2016 se realizó una nueva revisión que consolidó estos avances y facilitó el diagnóstico en atención primaria.
Hoy entendemos que el diagnóstico de fibromialgia no requiere un especialista específico, sino un médico empático que conozca la condición y sepa escuchar a sus pacientes.
Por Qué Costó Tanto Que Nos Creyeran
La historia de la fibromialgia está marcada por el escepticismo médico. Diversas razones explican esta resistencia al reconocimiento. En primer lugar, la ausencia de marcadores objetivos generó desconfianza en una medicina centrada en pruebas de laboratorio y estudios de imagen.
Además, la predominancia en mujeres alimentó prejuicios históricos sobre “enfermedades femeninas” e “histeria”. De hecho, durante mucho tiempo se atribuyó el dolor crónico femenino a causas emocionales o psicológicas, ignorando las bases biológicas reales.
Por otra parte, la complejidad de los síntomas de fibromialgia dificultó su comprensión. Dolor generalizado, fatiga extrema, niebla mental, alteraciones del sueño y sensibilidad aumentada conforman un cuadro clínico que desafía los modelos tradicionales de enfermedad.
Sin embargo, los avances en neurociencia han cambiado radicalmente nuestra comprensión. Hoy sabemos que la fibromialgia es un trastorno de procesamiento del dolor a nivel del sistema nervioso central. Las investigaciones con neuroimagen han demostrado alteraciones específicas en la forma en que el cerebro procesa las señales dolorosas.
Avances Científicos que Transformaron la Comprensión
Durante las últimas décadas, la investigación científica ha revolucionado nuestra comprensión de la fibromialgia. En 1992, estudios de neuroendocrinología revelaron alteraciones en el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal, explicando parte de los síntomas sistémicos.
Posteriormente, investigaciones en neuroimagen funcional demostraron que los pacientes con fibromialgia procesan el dolor de manera diferente. Específicamente, presentan hiperactividad en regiones cerebrales asociadas con la percepción del dolor y alteraciones en sistemas moduladores del mismo.
Asimismo, se han identificado alteraciones en neurotransmisores clave como serotonina, norepinefrina y sustancia P. Estos hallazgos explican no solo el dolor, sino también la fatiga, los problemas de sueño y las alteraciones cognitivas.
Además, estudios genéticos han demostrado que existe una predisposición hereditaria. Investigaciones sobre si se hereda la fibromialgia muestran que tener un familiar de primer grado con la condición aumenta el riesgo entre 8 y 10 veces.
Finalmente, la investigación sobre el papel del trauma y el estrés crónico ha sido reveladora. Sabemos que fibromialgia puede originarse por factores genéticos, trauma o estrés, y frecuentemente por una combinación de todos ellos.
El reconocimiento institucional de la fibromialgia ha sido progresivo pero significativo. En 1992, la Organización Mundial de la Salud (OMS) la incluyó en su Clasificación Internacional de Enfermedades bajo el código M79.7, validando su existencia como entidad clínica real.
Además, en 1994 se estableció el 12 de mayo como el Día Internacional de la Fibromialgia, coincidiendo con el aniversario del nacimiento de Florence Nightingale, quien posiblemente padeció esta condición. Esta fecha se convirtió en un símbolo de visibilización y concienciación global.
Por consiguiente, organizaciones de pacientes en todo el mundo comenzaron a trabajar por el reconocimiento social. Su labor ha sido fundamental para romper la invisibilidad social de una enfermedad que grita en silencio. Gracias a ellas, millones de personas encontraron comunidad y apoyo.
No obstante, persisten desafíos importantes. Todavía hay profesionales de salud que cuestionan la validez de la fibromialgia. Por eso, la educación médica continua y la difusión de evidencia científica son fundamentales para transformar esta realidad.
Por Qué la Fibromialgia Afecta Más a Mujeres
Uno de los aspectos más estudiados en la historia reciente de la fibromialgia es su mayor prevalencia en mujeres. Aproximadamente el 80-90% de los casos diagnosticados corresponden al sexo femenino. Esta diferencia no es casual ni refleja sesgo diagnóstico únicamente.
Investigaciones recientes explican por qué la fibromialgia es más frecuente en mujeres desde múltiples perspectivas. En primer lugar, existen diferencias biológicas en el procesamiento del dolor entre hombres y mujeres.
Además, las hormonas sexuales femeninas influyen en la modulación del dolor y la respuesta inmune. Los estrógenos interactúan con sistemas neurotransmisores involucrados en la fibromialgia. Asimismo, factores genéticos ligados al cromosoma X pueden conferir mayor susceptibilidad.
Por otra parte, factores socioculturales también juegan un papel. Las mujeres reportan más fácilmente síntomas de dolor y buscan atención médica con mayor frecuencia. Sin embargo, esto también ha llevado históricamente a minimizar sus quejas.
La Lucha Continúa: Retos Actuales
A pesar de los avances científicos y el reconocimiento institucional, la historia de la fibromialgia continúa escribiéndose. Hoy enfrentamos nuevos desafíos que requieren atención urgente. En primer lugar, persiste el desconocimiento entre muchos profesionales de salud.
Además, el acceso a atención adecuada sigue siendo limitado en numerosos contextos. Muchas pacientes deben consultar múltiples médicos antes de recibir un diagnóstico apropiado. Este peregrinaje médico genera frustración, deterioro emocional y retraso en el inicio del tratamiento de fibromialgia.
Por consiguiente, la estigmatización social permanece como un obstáculo importante. Frases como “no te ves enferma” o “es solo en tu mente” continúan siendo experiencias cotidianas para quienes vivimos con fibromialgia. Por eso, es hora de acabar con el silencio y seguir educando.
Asimismo, la investigación debe continuar profundizando en las causas, mecanismos y opciones terapéuticas. Necesitamos biomarcadores objetivos que faciliten el diagnóstico y personalización del tratamiento. También requerimos mayor comprensión sobre por qué me dio fibromialgia en cada caso individual.
Finalmente, debemos transformar el enfoque de atención. La fibromialgia no requiere superespecialistas, sino médicos empáticos, actualizados y comprometidos. El modelo ideal integra atención médica, apoyo psicológico, fisioterapia y cambios en el estilo de vida.
Lecciones de la Historia para el Presente
La historia de la fibromialgia nos enseña lecciones valiosas para el presente y el futuro. En primer lugar, nos muestra la importancia de escuchar a los pacientes. Durante décadas, las personas con fibromialgia sabían que algo estaba mal, aunque la ciencia aún no pudiera explicarlo.
Además, nos recuerda que la ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia. El hecho de que no existan marcadores objetivos tradicionales no invalida la experiencia real del sufrimiento. La medicina debe evolucionar más allá de paradigmas reduccionistas.
Por otra parte, esta historia subraya el papel crucial de la investigación científica rigurosa. Los avances en neurociencia y dolor crónico han sido fundamentales para legitimar la fibromialgia. Sin embargo, también nos muestra que la ciencia debe ir acompañada de humanidad.
Asimismo, aprendemos sobre la importancia de la organización comunitaria. Los movimientos de pacientes han sido motores fundamentales del cambio. Su voz colectiva ha transformado políticas, educación médica y percepción social.
Finalmente, la historia nos enseña sobre resiliencia. Cada paciente que no se rindió, cada médico que se atrevió a cuestionar dogmas, cada investigador que persistió contribuyó a construir el reconocimiento actual. Esa misma determinación nos impulsa hacia el futuro.
Perspectivas Futuras: Hacia Dónde Vamos
El futuro de la fibromialgia se construye sobre los cimientos de su historia. Actualmente, múltiples líneas de investigación prometen avances significativos. En primer lugar, la medicina de precisión busca identificar subtipos específicos de fibromialgia basados en mecanismos fisiopatológicos diferenciados.
Además, investigaciones en genómica y epigenética podrían identificar biomarcadores que faciliten diagnóstico temprano y predicción de respuesta terapéutica. Estos avances permitirían personalizar el abordaje para cada paciente.
Por otra parte, la neuroimagen funcional continúa revelando alteraciones específicas en la conectividad cerebral y procesamiento del dolor. Estos hallazgos están generando nuevas hipótesis sobre mecanismos y potenciales dianas terapéuticas.
Asimismo, crece el reconocimiento de la fibromialgia como parte de un espectro más amplio de síndromes de sensibilización central. Esta comprensión integral está transformando el abordaje clínico y la investigación.
Finalmente, la telemedicina y herramientas digitales ofrecen nuevas posibilidades para mejorar el acceso a atención especializada y el seguimiento de pacientes. Estas tecnologías pueden democratizar el conocimiento y reducir las barreras geográficas.
Vivir con Fibromialgia Hoy: Más Allá de la Historia
Conocer la historia de la fibromialgia nos ayuda a entender el presente, pero lo más importante es cómo enfrentamos el día a día. Hoy contamos con mayor conocimiento, mejores herramientas diagnósticas y opciones terapéuticas más efectivas que en cualquier momento previo.
Sin embargo, vivir con fibromialgia continúa siendo un desafío complejo que requiere un enfoque integral. No existe una solución única, sino un conjunto de estrategias que deben adaptarse a cada persona.
Después de recibir el diagnóstico, muchas pacientes se preguntan qué hacer. Los primeros pasos después del diagnóstico son fundamentales para establecer las bases de un buen manejo a largo plazo.
Además, el acceso a información confiable y recursos especializados puede marcar una diferencia significativa en la calidad de vida. La educación sobre la condición empodera a las pacientes para convertirse en participantes activas de su propio cuidado.
Por otra parte, comprender que qué es la fibromialgia y por qué cuesta tanto que nos crean ayuda a procesar el camino diagnóstico y validar nuestra experiencia. No estamos solas en esta lucha.
Conclusión: Honrar el Pasado, Construir el Futuro
La historia de la fibromialgia es nuestra historia. Es el relato de incontables personas que sufrieron en silencio, de profesionales que desafiaron el statu quo y de comunidades que se organizaron para exigir reconocimiento. Cada avance ha sido conquistado con esfuerzo y perseverancia.
Hoy, como médica y paciente, me siento parte de ese legado. Entiendo el privilegio de vivir en una época donde la fibromialgia es reconocida, donde existen criterios diagnósticos validados y donde la investigación continúa avanzando. Sin embargo, también reconozco que queda mucho camino por recorrer.
Nuestra responsabilidad es honrar ese pasado continuando la lucha. Necesitamos seguir educando a profesionales de salud, sensibilizando a la sociedad y apoyando la investigación. Cada conversación que abrimos, cada mito que desmentimos, cada paciente que escuchamos contribuye a escribir la siguiente página de esta historia.
Por eso, si acabas de recibir un diagnóstico o llevas años conviviendo con fibromialgia, quiero que sepas algo fundamental: no estás sola. Eres parte de una comunidad global que te comprende, te cree y te apoya. Juntas, podemos transformar la realidad de esta condición.
La historia de la fibromialgia nos enseña que el cambio es posible cuando nos negamos a permanecer invisibles. Sigamos gritando en silencio, pero hagámoslo juntas, hasta que el mundo entero nos escuche.
Preguntas Frecuentes sobre la Historia de la Fibromialgia
Aunque el término “fibromialgia” se estableció en 1976, los primeros registros médicos de síntomas compatibles datan del siglo XIX. En 1824, William Balfour describió puntos dolorosos en pacientes con dolor muscular generalizado. Posteriormente, en 1904, Sir William Gowers acuñó el término “fibrositis”. Sin embargo, el reconocimiento oficial como entidad clínica llegó hasta 1990 con los criterios del Colegio Americano de Reumatología.
La fibromialgia tardó décadas en ser reconocida principalmente por tres razones. En primer lugar, la ausencia de marcadores objetivos en análisis de sangre o estudios de imagen generó escepticismo médico. Además, la predominancia en mujeres alimentó prejuicios históricos sobre enfermedades femeninas. Finalmente, la complejidad y variedad de síntomas dificultó su comprensión bajo modelos médicos tradicionales. Solo cuando los avances en neurociencia permitieron entender los mecanismos de procesamiento del dolor, la comunidad médica comenzó a aceptar su validez.
No existe un único descubridor de la fibromialgia, sino una evolución histórica con múltiples contribuciones. William Balfour realizó las primeras observaciones en 1824. Sir William Gowers describió la “fibrositis” en 1904. El Dr. Philip Hench propuso el término “fibromialgia” en 1976. Los doctores Hugh Smythe y Harvey Moldofsky publicaron los primeros criterios diagnósticos en 1977. Finalmente, el Colegio Americano de Reumatología estableció los criterios oficiales en 1990. Cada uno aportó piezas fundamentales al reconocimiento de esta condición.
Los criterios diagnósticos han evolucionado significativamente. En 1990, el Colegio Americano de Reumatología estableció los primeros criterios oficiales basados en dolor generalizado durante al menos tres meses y sensibilidad en 11 de 18 puntos específicos. Sin embargo, estos criterios resultaron limitados al depender de la palpación manual y excluir síntomas importantes. Por eso, en 2010 se actualizaron eliminando la necesidad de examinar puntos sensibles e incorporando escalas de síntomas asociados como fatiga, problemas cognitivos y alteraciones del sueño. En 2016 se realizó una revisión final que consolidó estos avances.
El Día Internacional de la Fibromialgia se estableció en 1994 y se conmemora cada 12 de mayo. Esta fecha coincide con el aniversario del nacimiento de Florence Nightingale, la pionera de la enfermería moderna, quien según registros históricos posiblemente padeció fibromialgia. La elección de esta fecha busca honrar su memoria mientras se visibiliza esta condición. Desde entonces, el 12 de mayo se ha convertido en una jornada global de concienciación, educación y apoyo para millones de personas que viven con fibromialgia.
Durante décadas, la fibromialgia fue erróneamente asociada con trastornos psiquiátricos principalmente porque no se encontraban alteraciones en pruebas médicas convencionales. Esta ausencia de marcadores objetivos, combinada con prejuicios sobre enfermedades que afectan predominantemente a mujeres, llevó a muchos médicos a atribuir los síntomas a causas emocionales o psicológicas. Además, la presencia frecuente de ansiedad y depresión (que hoy sabemos son consecuencia, no causa, de vivir con dolor crónico) reforzó esta percepción errónea. Solo cuando los avances en neurociencia demostraron alteraciones específicas en el procesamiento del dolor, esta visión comenzó a cambiar.
Los avances científicos más significativos incluyen varios hallazgos fundamentales. En primer lugar, estudios de neuroimagen funcional demostraron que los pacientes con fibromialgia procesan el dolor de manera diferente a nivel cerebral, con hiperactividad en regiones asociadas a la percepción dolorosa. Además, investigaciones en neuroendocrinología revelaron alteraciones en el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal y en neurotransmisores como serotonina, norepinefrina y sustancia P. Asimismo, estudios genéticos confirmaron la existencia de predisposición hereditaria. Finalmente, investigaciones sobre el papel del trauma y el estrés crónico han sido cruciales para entender los factores desencadenantes. Todos estos avances transformaron la fibromialgia de una condición “misteriosa” a un trastorno con bases biológicas bien establecidas.
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Disclaimer Médico
Este artículo tiene propósitos exclusivamente educativos e informativos. La información aquí contenida no sustituye la consulta, diagnóstico o tratamiento médico profesional. Cada caso de fibromialgia es único y requiere evaluación individualizada por parte de profesionales de salud capacitados.
No tome decisiones sobre su salud basándose únicamente en este contenido. Si experimenta síntomas que pudieran estar relacionados con fibromialgia, consulte con un médico. El diagnóstico y manejo de esta condición debe realizarse en el contexto de una relación médico-paciente apropiada.
La información sobre tratamientos mencionada en este artículo es general y no constituye una recomendación específica. Las opciones terapéuticas deben ser discutidas y personalizadas en consulta con su médico tratante, quien considerará sus circunstancias individuales, historial médico y necesidades particulares.
Como autora, comparto tanto mi experiencia profesional como médica y mi vivencia personal como paciente de fibromialgia. Sin embargo, esto no reemplaza la necesidad de atención médica individualizada para cada persona.
Última actualización: Noviembre 2025
Revisión médica: Doc Adriana Angel
Próxima revisión programada: Abril 2026

Doc Adriana Angel. Médica y NeuroCoach con una perspectiva única: el rigor de la ciencia y la experiencia personal como paciente de fibromialgia. Me dedico a divulgar información basada en neurociencia sencilla para explicar la enfermedad. Mi propósito es acompañarte a entender la sensibilización central, brindándote herramientas prácticas para recuperar tu funcionalidad y bienestar. Líder de una comunidad de más de 120,000 seguidores en redes sociales.
